Coronel (RA) Hugo Bahamón Dussán
Promotor del Movimiento Reservistas por Abelardo de la Espriella
Ya se perfila un magnífico candidato para defenestrar del poder al Pacto Histórico y devolver a Colombia a las manos de Dios y sus buenos hijos.
Ahora la gran pregunta es:
¿Tendrá ese candidato la oportunidad de participar en unas elecciones limpias en las que, muy probablemente, vencerá?
Creo que si entendemos a cabalidad la estrategia de Petro, podremos contrarrestarla a tiempo.
La estrategia de Petro es una sola:
Hacer que la Fuerzas Armadas de Colombia pierdan la mayor cantidad de control territorial posible.
Veamos.
El crecimiento incontrolado de los cultivos ilícitos, la minería ilegal y todas la rentas ilegales están llenando de recursos económicos a los grupos armados ilegales, lo que les está permitiendo ampliar su influencia y control sobre las comunidades en forma alarmante.
Mientras tanto, Petro ha debilitado el presupuesto de la Fuerza Pública, ha limitado su presencia y en donde no lo ha hecho, ha impedido su accionar.
Paralelamente, ha convertido su presidencia en un circo, alejando así la atención del pueblo de su perversa estrategia.
De acuerdo con la Misión de Observación Electoral en muchos municipios ya existe un claro riesgo de que no se puedan hacer elecciones, los electores sean constreñidos o los resultados sean alterados.
Eso es perfectamente lógico, pues mientras el control territorial esté en manos de los violentos es entendible que sus esfuerzos se encaminen a ayudar a reelegir al gobierno que les ha permitido ese tan beneficioso control territorial.
En palabras sencillas, si no existe control territorial, no es posible asegurar unas elecciones libres.
Identificado el problema, ahora viene lo más complicado que es encontrar la mejor solución.
La solución ideal sería que las Fuerzas Armadas, bajo sus mandos naturales, empezaran desde ya un plan de guerra para recuperar el control territorial.
Sin embargo, esa solución es bastante improbable, pues, constitucionalmente, las Fuerzas Armadas dependen del presidente Petro.
¿Cómo, entonces, recuperar el control territorial sin el apoyo de los mandos naturales de las Fuerzas Armadas?
Esa sí es la gran “pregunta del millón”.
¿Qué lograremos teniendo un extraordinario candidato, con el apoyo de gran parte del país, si en gran parte del territorio de ese país sus electores no podrán votar, o lo tendrán que hacer por su opositor bajo amenaza?
La pregunta que viene a continuación es supremamente espinosa pero es absolutamente insoslayable dada la sinsalida del problema planteado:
¿Ha llegado el momento de que el pueblo colombiano que está en contra de este nefasto gobierno, movido por todos los partidos de oposición y los empresarios, salga a la calle y todos juntos respalden, la ejecución de un plan simultáneo de erradicación aérea de cultivos ilícitos, bombardeo de los campamentos armados ilegales y el inicio de operaciones militares por parte de los mandos medios (comandantes de batallón) de las Fuerzas Armadas con apoyo de los Estados Unidos para arrebatarle el control territorial a los grupos armados ilegales?
Esta acción tendría que ser tomada, necesariamente, desconociendo la autoridad del presidente.
Podría parecer un golpe de estado, pero no lo es.
El presidente sigue en sus funciones, lo único que pasa es que los mandos medios de las Fuerzas Armadas cumplen con su deber constitucional de recuperar el control territorial y por hacerlo no pueden, ni podrán, ser juzgados.
No quiero parecer fatalista, pero yo no veo otra solución.
Si seguimos esperando de brazos cruzados, expectantes y apáticos, es probable que no haya elecciones o, lo que es peor, sí las haya pero solamente para justificar un fraude descomunal.
El presidente Petro y los que lo han acompañado en su gobierno saben que si gana las elecciones el candidato opositor, tal y como lo ha prometido, los va a llevar a la justicia y los va a hacer pagar por sus delitos.
Por eso mismo, va a hacer todo, y me refiero a todo, lo que le sea posible para impedir perder el poder en el 2026.
Estamos advertidos.
Para su gentil reflexión y acción.
Dios los ilumine.